Hoy te he estado sintiendo y mi piel se pone de gallina, es delicioso poder sentirte y encontrar paz. En mi rostro se dibujan muchas sonrisas al recordarte, y me muero de risa al pensar en cómo siempre me decías "Kamime", con ese orgullo de quien sabe que ese nombre tú misma me lo pusiste. El amor que me has dado ha sido el mismo amor que me da mi madre: puro, incondicional y lleno de cariño.
Gracias, porque cada vez que te veía, disfrutaba de nuestras conversaciones. Gracias, porque tú eras mi sanadora, mi hierbatera, mi medicina. Cuando quería un remedio, tú eras mi medicina, y tus palabras, para mí, siempre fueron la verdad. Gracias por estar allí en los momentos en los que necesitaba salud, por darme remedios naturales y benditos, porque tu palabra siempre fue valiosa y verdadera para mí.
Cuando supe la noticia, sentí mucho dolor, porque sabía que ya no volvería a escuchar tu voz ni a ver tu cuerpo. Me quedé con esa maestra ancestral que tanto me transmitió sanidad, esa que podía durar horas hablando de viajes astrales, la que creyó en mí, en mis visiones, y me enseñó a tener más claridad.
Estoy muy orgullosa de haber conectado contigo. Gracias por tu amor, que siempre estuvo allí, y aún más cuando me hiciste esa última llamada para despedirte. Gracias porque llevas un lugar muy especial en mi corazón. Sé que en el futuro nos encontraremos en otros papeles, con más conocimiento y quizás con otro nombre, pero siempre estaremos juntas.
Envío mucha luz y amor a tu espiritú esas flores porque nuestro tiempo juntas era tan sabroso que las fotos estan en mi memoria no en fisico.