Maria Auxilio Flores' Obituary
María Auxilio Torres Flores, cariñosamente conocida por todos como “Chilo”, partió de este mundo en paz el 5 de julio de 2026, a los 92 años de edad.
Nació el 23 de mayo de 1934 en El Barrial, Jalpa, Zacatecas, hija de Ramón Flores Salas y Margarita Ortega Rodríguez. Como la mayor de seis hermanos, desde muy joven ayudó a sus padres a cuidar de la familia. Ese espíritu de servicio, generosidad y entrega la acompañó durante toda su vida.
El 19 de febrero de 1954 contrajo matrimonio con Apolinar Torres, con quien formó un hogar lleno de amor, trabajo y esperanza. Entre 1955 y 1973 la vida los bendijo con cinco hijos: Guillermina, Amparo, Lourdes, Cutberto y José Guadalupe, quienes fueron siempre el orgullo y la razón de todos sus esfuerzos. Juntos establecieron una pequeña tienda de abarrotes junto a su casa y, con mucho trabajo, honestidad y el apoyo de toda la familia, lograron sacar adelante a sus hijos, dejándoles como legado el valor del esfuerzo, la unión y el amor por los suyos.
Tras el fallecimiento de su esposo en 1981, enfrentó esa pérdida con una fortaleza admirable. Con el apoyo de sus hermanos y cuñados, continuó guiando a su familia con el mismo amor y dedicación que siempre la distinguieron.
En 1992 emigró a los Estados Unidos. Poco tiempo después tuvo la dicha de reunirse nuevamente con toda su familia, una de las mayores bendiciones de su vida. Desde entonces disfrutó de ver crecer a sus hijos, a sus nietos y a las nuevas generaciones de su familia.
Para Chilo, la fe y la familia siempre ocuparon el lugar más importante en su corazón. Poco antes de cumplir 80 años, sus hijos comenzaron a organizarle una fiesta sorpresa para celebrar su vida. Sin embargo, gracias a una conversación con su nuera Rafaela, descubrieron que el mayor anhelo de Chilo no era una gran celebración, sino viajar a Roma y conocer la Tierra Santa junto con el grupo de oración de la Iglesia San Marcos. Al conocer ese deseo que ella guardaba con tanta ilusión, decidieron cambiar por completo los planes y regalarle ese viaje. Poder cumplir ese sueño fue una de las mayores alegrías de su vida y una bendición que su familia siempre agradecerá.
Sus hijos fueron el orgullo de su vida y la familia, su mayor alegría. Siempre estuvo presente en los momentos más importantes de quienes amaba. De manera muy especial, sus nietas Laura, Margarita, Carolina y Ximena la acompañaron y cuidaron con enorme amor hasta sus últimos días.
Fue precedida en la muerte por sus padres, Ramón Flores Salas y Margarita Ortega Rodríguez; sus hermanos María Jesús Flores Ortega, Fidel Flores Ortega y María Jesús Llamas; su amado esposo, Apolinar Torres; y recientemente por su querida hija,
Guillermina Torres. Con la fe que siempre sostuvo a nuestra familia, encontramos consuelo al imaginar el reencuentro de madre e hija en un abrazo que esperó muy poco tiempo para volver a darse.
Con profundo amor la recuerdan sus hermanos Fidel Flores y Refugio Flores; sus hijos Amparo Ruiz, Lourdes Muñoz, Cutberto Torres y José Guadalupe Torres; sus queridos nietos Laura, Margarita, José Antonio, Ricardo, Fernando, Alex, Raúl, Fabián, Carolina, Juan, Rafael, Héctor, Ángel, Diego y Ximena; sus bisnietos Margarita, Isabel, Kaylee Nicole, Andrea, Harley Catalina, Penelope Jade, Alexander, Aubree Mia, Camila Rue, Mateo Apolinar, Eliana Catalina, Gisselle Sophia, Alessandra Guillermina, Eva Esmeralda y Delilah Nevaeh; y su tataranieto Aubry Javon.
La familia desea expresar un agradecimiento muy especial a Amparo y Lourdes, quienes con inmenso amor dedicaron gran parte de sus vidas a cuidar de su mamá. Gracias por acompañarla día y noche y por organizar sus vidas alrededor de sus necesidades. Su sacrificio, fortaleza y dedicación son un ejemplo para todos nosotros.
Asimismo, expresamos nuestro más profundo agradecimiento a Cutberto y a su esposa Rafaela, por haberle abierto las puertas de su hogar y brindarle, junto con sus hijos Fernando, Carolina y Ángel, tantos años de amor, compañía y cuidados. Gracias por hacerla parte de su día a día y rodearla siempre de cariño y dedicación.
De igual manera, queremos agradecer profundamente a José Guadalupe, con quien también compartió su hogar y quien siempre estuvo pendiente de ella. Con infinito cariño procuró que nunca le faltara nada y la acompañó con amor en cada etapa de su vida.
Hoy despedimos a Chilo con el corazón lleno de amor y gratitud. Nos deja el ejemplo de una mujer trabajadora, fuerte, generosa y profundamente entregada a su familia y a su fe. Su legado seguirá vivo en cada reunión familiar, en cada enseñanza que nos dejó y en los valores que sembró en hijos, nietos y bisnietos.
Descanse en paz. Te queremos, Chilo.
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